
Hay momentos en la vida que cambian para siempre nuestra forma de mirar el mundo.
Para mí, uno de ellos ocurrió meses después de que mi pareja falleciera a causa de un aneurisma disecante de la aorta ascendente.
Era el año 2021.
En aquel momento yo estaba formándome en Descodificación Biológica y, unos meses después de su muerte, llegué al estudio del sistema cardiovascular.
Nunca olvidaré aquel día.
Mientras leía el conflicto biológico asociado a la íntima del arco de la aorta, sentí un escalofrío.
No porque creyera haber encontrado una explicación definitiva a lo que había sucedido, sino porque la descripción encajaba de una forma sorprendente con la historia que él había vivido durante años.
El conflicto biológico del territorio
Dentro del modelo de la Descodificación Biológica, las arterias del arco de la aorta se relacionan con los llamados conflictos de territorio.
En el caso del hombre diestro, el territorio suele representar aquello que siente que debe proteger o sostener:
- Su familia.
- Su trabajo.
- Su posición.
- Su reconocimiento.
- Su estabilidad económica.
- El lugar que ocupa en el mundo.
La sensación profunda sería algo parecido a:
Necesito encontrar una salida para no perder mi territorio.
O dicho de otra manera:
Tengo que crear nuevos caminos porque siento que, haga lo que haga, voy a perder algo muy importante.
Cuando leí que uno de los conflictos asociados a la disección de la aorta era precisamente el conflicto tan grave e intenso que él estaba viviendo —“necesito crear nuevos caminos para no perder mi territorio, mi familia, mi reconocimiento ni mi trabajo”—, no pude parar de llorar.
El primer gran impacto
Años antes había vendido un piso en Barcelona.
Con ese dinero hizo una inversión.
La perdió prácticamente toda.
Nunca lo exteriorizó demasiado.
Era una persona fuerte.
Seguía trabajando.
Seguía haciendo proyectos.
Seguía adelante.
Pero años después tuvo una crisis emocional muy intensa en la que comprendí que aquella pérdida nunca había sido realmente elaborada.
Había perdido mucho más que dinero.
Había perdido seguridad.
Había perdido tranquilidad.
Y quizá también una parte importante de la confianza en su futuro.
La segunda gran encrucijada
Con los años construimos nuestra vida en Ghana.
Allí él encontró algo que había buscado durante mucho tiempo.
Descubrió su verdadera profesión como filmmaker.
Por primera vez se sentía reconocido.
Valorado.
Buscado por clientes.
Disfrutaba profundamente de su trabajo.
Sin embargo, yo ya no era feliz viviendo allí.
Necesitaba volver a Barcelona.
Y entonces apareció una situación tremendamente difícil.
Si regresaba conmigo y con nuestra hija, sentía que perdería aquello que tanto le había costado construir: su profesión, su reconocimiento y el lugar donde se sentía realizado.
Pero si permanecía en Ghana, sentía que nos perdía a nosotras.
Seguíamos siendo una familia.
Nos seguiríamos viendo.
Pero ya no compartiríamos la vida cotidiana.
Desde su vivencia, cualquier decisión implicaba una pérdida.
No existía una opción perfecta.
Solo distintas formas de perder.
Buscar nuevos caminos
Recuerdo que comenzó a pensar constantemente en nuevas alternativas.
Cómo mantener el trabajo.
Cómo conservar la familia.
Cómo no renunciar a ninguno de los dos territorios.
Empezó a buscar nuevas soluciones.
Pensó en convertir en alojamiento turístico el piso de sus padres en el que nosotros vivíamos, para obtener nuevos ingresos.
Buscaba nuevas fuentes de ingresos.
Intentaba construir un puente entre dos vidas que parecían incompatibles.
Mirándolo años después, me resulta inevitable recordar la frase que había leído en aquella guía de Descodificación Biológica:
Necesito crear nuevos caminos para no perder mi territorio.
No puedo afirmar que ese fuera el origen de su enfermedad.
Nadie puede hacerlo.
Pero sí puedo decir que esa descripción reflejaba con una precisión sorprendente el conflicto que él llevaba viviendo durante mucho tiempo.
Lo que aprendí de esta historia
Con los años he comprendido varias cosas que marcaron mi forma de entender la enfermedad y también mi forma de acompañar a las personas.
La primera es que muchas personas siguen adelante mientras por dentro viven auténticas batallas invisibles.
Trabajan.
Sonríen.
Cuidan de los demás.
Parecen fuertes.
Pero cargan con preocupaciones, pérdidas y responsabilidades que apenas comparten con nadie.
Y cuando un conflicto se vive en soledad, sin poder expresarlo, sin sentirse comprendido o sin encontrar una salida que la persona perciba como posible, ese estrés puede mantenerse durante mucho tiempo.
Desde la perspectiva de la Descodificación Biológica, es precisamente esa vivencia intensa, inesperada y sostenida la que puede favorecer la activación de un programa biológico. No se trata de afirmar que exista una única causa para una enfermedad, sino de recordar que el mundo emocional también forma parte de nuestra salud y merece ser escuchado.
Por eso, además de cuidar el cuerpo, también necesitamos espacios donde poder hablar de aquello que nos duele, pedir ayuda y sentir que no tenemos que sostener solos el peso de nuestra vida.
El sentido que encontré en medio del duelo
Perder a mi pareja fue, sin duda, una de las experiencias más difíciles de mi vida, y sigue siéndolo, porque un duelo no termina: aprendemos a convivir con él y a llevarlo de la mejor manera que podemos.
Siempre he creído que, incluso en los momentos más dolorosos, las experiencias pueden tener un propósito.
Y sentía profundamente que perder a una persona tan extraordinaria no podía ser en vano.
No podía cambiar lo que había sucedido.
Pero sí podía decidir qué hacer con todo ese dolor.
Al haber estudiado Descodificación Biológica, y al haber comprendido y visto con mis propios ojos la posible relación entre los conflictos biológicos y los síntomas, encontré algo que me sostuvo en medio del duelo.
Encontré un propósito.
Comprendí que quería dedicar parte de mi vida a divulgar esta mirada y a acompañar a otras personas para que aprendieran a escuchar lo que su cuerpo intenta expresar.
No porque crea que la Descodificación Biológica tenga todas las respuestas, ni porque sustituya a la medicina. Al contrario, creo que ambas pueden convivir desde el respeto. La medicina es imprescindible para el diagnóstico y el tratamiento, y la exploración emocional puede aportar una comprensión más amplia de la experiencia que está viviendo cada persona.
Mi mayor deseo es que este conocimiento pueda llegar a quien lo necesite antes de que el conflicto se cronifique, antes de que el sufrimiento permanezca en silencio durante años.
Porque, aunque no siempre podamos evitar una enfermedad, sí podemos aprender a escuchar lo que sentimos, a expresar aquello que nos duele y a buscar ayuda cuando sentimos que no encontramos una salida.
Si mi historia, mi experiencia y todo lo que he aprendido pueden ayudar aunque sea a una sola persona a mirar su vida de otra manera, a expresar un conflicto que lleva demasiado tiempo guardando o a encontrar una nueva posibilidad donde solo veía pérdidas, sentiré que todo este camino ha tenido un sentido.
Ese es el motivo por el que hoy escribo, estudio, acompaño y divulgo.
Porque no pude cambiar la historia de la persona que más quería, pero sí puedo intentar que otras personas comprendan antes lo que les está ocurriendo y, quizá, encuentren un final diferente.
Una reflexión final
Este artículo no pretende explicar la causa de una enfermedad ni sustituir el conocimiento médico. Es el relato de una experiencia personal y de cómo la Descodificación Biológica me ayudó a mirar la historia de mi pareja desde una perspectiva diferente.
A veces no podemos cambiar lo que nos ocurre.
Pero sí podemos cambiar la forma en que escuchamos nuestro cuerpo, expresamos nuestro dolor y buscamos ayuda.
Quizá ahí empiece un camino diferente.
Y si compartir esta historia ayuda a que una sola persona deje de vivir su conflicto en silencio, entonces todo este recorrido habrá merecido la pena.
¿Quieres explorar qué puede haber detrás de tu síntoma?
Si quieres que te acompañe a comprender cómo puede relacionarse este síntoma con tu historia personal, puedes escribirme.
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